Nunca tengo las palabras adecuadas para ninguna situación.
Siempre estoy hablando, siempre estoy diciendo algo, pero realmente no digo nada.
Temo decir algo que me deje sola.
Temo decir algo que aleje a mis amigos de mí.
Temo decir algo que hiera a los que quiero.
Temo decir algo estúpido y sentirme estúpida.
Temo hablarme a mí misma y descubrir las cosas que ignoro por cuenta propia.
Temo hablar y venirme abajo.
Así que no digo nada.
lunes, 27 de enero de 2014
viernes, 24 de enero de 2014
10 minutos de escritura.
No escribo para que alguien me lea, no escribo para que alguien se sienta identificado, ni siquiera escribo porque lo haga bien porque ni si quiera creo eso, sólo escribo.
Escribo para poder hablar de algo que me importa, escribo para mí, para liberar de mi cabeza cosas que no puedo hablar ni conmigo misma más que en un papel.
No pretendo ser la mejor, nunca lo he sido, y nunca lo seré, pero al escribir siento la paz que nunca he sentido con nada, y sé que hay mejores personas que yo escribiendo, pero nadie puede expresar lo que siento más que yo misma con mis propias palabras.
Yo misma, un ser de pensamientos extraños, ideas retorcidas y muchas historias que no tienen sentido.
Escribo de lo que sé, de lo que quiero, de lo que no, de las cosas que alguna vez soñé que quise que fueran realidad.
No sé si la mitad de cosas que debería saber, pero me siento ligeramente inteligente cuando puedo escribir algo con sentido. Algo que podría leer siendo otra persona y sabría que me gustaría.
Una aceptación es lo único que no niego. Porque soy susceptible a los halagos. Un "escribes bien" es la gloria para mí, pero yo no escribo para nadie, así que desearlos ni es aceptable para mí.
Y ya ni sé qué estoy escribiendo, 10 minutos de escritura es la obligación de hoy.
Escribir, escribir, escribir y publicar.
Sorprendente no puedo pensar en cosas que escribir, cuando mi cerebro rebosa de idas no tengo ni un papel dónde anotar. Mi memoria es casi tan inútil como un lápiz sin punta.
Pero escribo.
Escribir, escribir, escribir y publicar.
Sorprendente no puedo pensar en cosas que escribir, cuando mi cerebro rebosa de idas no tengo ni un papel dónde anotar. Mi memoria es casi tan inútil como un lápiz sin punta.
Pero escribo.
domingo, 19 de enero de 2014
¿Dónde estás?
Encontré viejas cartas dirigidas a tu nombre, y siempre con la misma pregunta.
"Hoy me caí. ¿Dónde estás?"
"Pelee con mami. ¿Dónde estás?"
"Creo que estoy enferma. ¿Dónde estás?"
"Te extraño. ¿Dónde estás?"
"Hoy me gradúo. ¿Dónde estás?"
Hoy estoy escribiendo esto, y me sigo preguntando, papá, dónde estás, y por qué en ningún momento has estado cuando te necesito.
domingo, 22 de diciembre de 2013
sábado, 7 de diciembre de 2013
Todo lo que siempre me queda, desde un principio.
Una foto.
Veja,arrugada.
Ya se notan todos los años desde que fue tomada, comenzando porque en ella soy una niña, y ahora soy una mujer. Se notan los pliegues, de tanto que la he doblado, y aquella mancha en la esquina, cuando sin querer se mojó.
Está rota.
Como mi familia.
Está mi madre, su sonrisa siempre dispuesta, y las arrugas en sus ojos cada vez que lo hacía. Hermosa. Aún me pregunto cuándo fue que cruzamos la línea entre contarnos todo, a ser completas desconocidas con recuerdos en común. A escondernos en el tiempo, y vernos sólo en las cenas familiares, una vez cada año. Es gracioso, porque dije que estaría con ella por siempre, y ahora es raro si la veo.
Luego están mis hermanos, seres completamente desconocidos para mí como yo para ellos. Cuerpos con mi misma sangre a los que debo llamar "familia" porque eso dicta un código genético, cuando no reconozco nada de mí en ninguno de ellos, cuando a duras penas sé de su vida algún tiempo.
Mi padre termina la foto.
A veces hay mucho que decir, otras no tanto.
Como siempre fue nuestra relación.
Mi insistencia a intentarlo, y su insistencia en ser un extraño para mí. Una base de datos al que llamé "papá", un persistente recuerdo de la figura paterna que siempre quise, y no tuve.
Yo estoy en el medio de todo.
Creciendo entre personas desconocidas, anhelando cosas que hasta mayor no supe que quería. Haciendo amigos de papel, imaginarios, distorsionando la realidad hasta el punto de convertirme en piedra y soportar ser pateada por la vida; por la familia a la que nunca pude llamar hogar.
Pero siempre queda la foto.
Un recuerdo de una familia imaginaria, de personas creando un mundo de amor para mi futuro, para mi vida, para mí.
Una foto.
Donde, aparentemente, todos nos amamos.
Una foto.
Veja,arrugada.
Ya se notan todos los años desde que fue tomada, comenzando porque en ella soy una niña, y ahora soy una mujer. Se notan los pliegues, de tanto que la he doblado, y aquella mancha en la esquina, cuando sin querer se mojó.
Está rota.
Como mi familia.
Está mi madre, su sonrisa siempre dispuesta, y las arrugas en sus ojos cada vez que lo hacía. Hermosa. Aún me pregunto cuándo fue que cruzamos la línea entre contarnos todo, a ser completas desconocidas con recuerdos en común. A escondernos en el tiempo, y vernos sólo en las cenas familiares, una vez cada año. Es gracioso, porque dije que estaría con ella por siempre, y ahora es raro si la veo.
Luego están mis hermanos, seres completamente desconocidos para mí como yo para ellos. Cuerpos con mi misma sangre a los que debo llamar "familia" porque eso dicta un código genético, cuando no reconozco nada de mí en ninguno de ellos, cuando a duras penas sé de su vida algún tiempo.
Mi padre termina la foto.
A veces hay mucho que decir, otras no tanto.
Como siempre fue nuestra relación.
Mi insistencia a intentarlo, y su insistencia en ser un extraño para mí. Una base de datos al que llamé "papá", un persistente recuerdo de la figura paterna que siempre quise, y no tuve.
Yo estoy en el medio de todo.
Creciendo entre personas desconocidas, anhelando cosas que hasta mayor no supe que quería. Haciendo amigos de papel, imaginarios, distorsionando la realidad hasta el punto de convertirme en piedra y soportar ser pateada por la vida; por la familia a la que nunca pude llamar hogar.
Pero siempre queda la foto.
Un recuerdo de una familia imaginaria, de personas creando un mundo de amor para mi futuro, para mi vida, para mí.
Una foto.
Donde, aparentemente, todos nos amamos.
viernes, 6 de diciembre de 2013
Escuchó el sonido de los pasos, antes que el pestillo de la
puerta.
Estaba vestida otra vez, con los tacones
en sus manos y lágrimas en los ojos.
— ¿Adónde crees que vas? —Dijo.
—Me voy. —Ella contestó.
— ¿Te vas? No lo entiendo, qué te sucede, —calló un momento y luego dijo— ¿Hice algo mal?
—No, pero lo harás. Así que estoy yéndome, estoy dándome la oportunidad
de dejarte. Antes que tú me dejes a mí, porque lo harías, todos siempre lo
hacen. No me permitiré que esto sea más que una noche. Porque eso es todo lo
que es, nada más. No puedo dejar que sea algo más, porque ya estoy cansada del
dolor y el abandono, de las falsas
ilusiones que estúpidamente me hago que no llegan a ningún lado. El falso amor que todos profesan, un “siempre” que dura dos días. Como
encariñarme contigo, y tener miedo de que algún día salgas y me dejes. Rota,
vacía, sin nada. Así que estoy yéndome.
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